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¿Es segura la energía nuclear?

La forma de responder con datos y no con adjetivos: cuántas muertes produce cada fuente de energía por unidad de electricidad generada, y qué documentan el OIEA, la OMS y UNSCEAR sobre Chernóbil, Fukushima y Three Mile Island.

«¿Es segura la energía nuclear?» no tiene una respuesta que quepa en una palabra, pero sí tiene una forma honesta de encararla con números: cuántas muertes produce cada fuente de energía por unidad de electricidad generada, sumando tanto los accidentes como la contaminación del aire que cada tecnología libera de forma rutinaria. Esa comparación evita dos errores simétricos: juzgar a la nuclear solo por sus accidentes más visibles, sin poner en la misma balanza que otras fuentes matan de forma silenciosa y continua, o mirar nada más que el promedio y borrar la memoria de Chernóbil y Fukushima. La tabla reúne las dos fuentes académicas revisadas por pares que hoy se usan para esa comparación entre fuentes de energía.

Markandya y Wilkinson (The Lancet, 2007) calcularon muertes por contaminación del aire y accidentes para carbón, petróleo, gas, biomasa y nuclear, con datos de producción eléctrica europea; entre el 88 % y el 99 % de esas muertes son efectos crónicos, no accidentes puntuales, y la cifra nuclear surge de un modelo teórico —lineal sin umbral— que supone que cualquier dosis de radiación, por baja que sea, conlleva un riesgo proporcional, más las muertes ocupacionales de minería y molienda; el estudio es anterior a Fukushima. Sovacool y otros (Journal of Cleaner Production, 2016) armaron en cambio una base de datos de accidentes energéticos entre 1950 y 2014 limitada a fuentes bajas en carbono —no releva carbón, petróleo ni gas—, que sí cubre hidroeléctrica, eólica, solar, biomasa y nuclear, pero cuenta solo muertes por accidentes registrados, sin la proyección teórica de cánceres futuros: en el caso nuclear, Chernóbil, Fukushima y Kyshtym; en el hidroeléctrico, el período de cálculo (1990-2013) deja afuera el colapso de la represa china de Banqiao en 1975, el accidente hidroeléctrico con más víctimas de la historia, cuya inclusión multiplicaría la tasa por órdenes de magnitud. Por eso la tabla marca en cada fila qué metodología usa: contaminación del aire más accidentes para carbón, petróleo, gas, biomasa y una de las dos cifras nucleares; solo accidentes registrados para hidroeléctrica, eólica, solar y la otra cifra nuclear. Entre las dos cifras nucleares hay un factor de siete: una cuenta accidentes documentados, la otra le suma una estimación de largo plazo. El mismo patrón se ve en biomasa, aunque la tabla solo publica la cifra con contaminación del aire: 4,63 muertes por TWh, contra 0,0164 contando nada más que accidentes registrados. Incluso con la estimación más alta, la nuclear queda muy por debajo de los combustibles fósiles: la brecha la explica sobre todo la contaminación del aire, que las centrales térmicas producen todos los días, contra un riesgo nuclear concentrado en eventos catastróficos raros.

Chernóbil, el 26 de abril de 1986, es nivel 7 en la escala INES, el máximo. Según UNSCEAR, el accidente causó la muerte, en las primeras semanas, de 30 trabajadores; de los 134 que sufrieron síndrome de radiación aguda, 28 murieron en los primeros tres meses. El Foro de Chernóbil (OIEA, OMS y otras agencias de la ONU, 2005) proyectó unas 4.000 muertes eventuales entre las 600.000 personas más expuestas —200.000 trabajadores de emergencia y recuperación de 1986-87, con 2.200 muertes esperadas solo en ese grupo; 116.000 evacuados; y 270.000 residentes de las zonas más contaminadas—, además de unos 4.000 casos de cáncer de tiroides en niños y adolescentes, con al menos nueve muertes y una sobrevida cercana al 99 %. La propia UNSCEAR es más cauta: más allá del aumento de cáncer de tiroides —más de 6.000 casos documentados hacia 2005— y de una señal incipiente de leucemia entre los trabajadores más expuestos, sostiene que no hay un aumento demostrado de cánceres sólidos o leucemia en la población general expuesta, y que un aumento así sería muy difícil de detectar en estudios epidemiológicos dadas las dosis involucradas. La diferencia entre las 4.000 muertes del Foro de Chernóbil y la cautela de UNSCEAR no es un desacuerdo sobre los hechos: es la diferencia entre una proyección de por vida con el modelo lineal sin umbral aplicada hacia adelante sobre una cohorte expuesta, y un reporte de lo que los estudios epidemiológicos lograron confirmar estadísticamente hasta ahora.

Fukushima Daiichi, el 11 de marzo de 2011, también es nivel 7, aunque con una liberación mucho menor que la de Chernóbil, como explica la escala INES. No hubo muertes por radiación aguda entre trabajadores ni público. El informe UNSCEAR 2020 concluye que, desde el informe UNSCEAR 2013, «no se ha documentado ningún efecto adverso para la salud entre los residentes de Fukushima que pueda atribuirse directamente a la exposición a la radiación del accidente»; el aumento de cánceres de tiroides detectados en el rastreo de niños se atribuye a un cribado ultrasensible que reveló anomalías tiroideas que antes no se detectaban, no a la radiación. El saldo documentado del accidente es sobre todo indirecto: la Agencia de Reconstrucción de Japón contabilizó 2.348 «muertes relacionadas con el desastre» en la prefectura de Fukushima hasta fines de 2024, muertes reconocidas por agravamiento de una lesión o por la carga física de la vida en evacuación; esa categoría suma en un solo número los efectos del terremoto y el tsunami con los de la evacuación nuclear, y la fuente no los separa.

Three Mile Island, el 28 de marzo de 1979, es nivel 5: se fundió buena parte del núcleo, pero la contención aguantó. Los estudios de la NRC y de universidades independientes, sostenidos durante décadas, no encontraron muertes ni efectos medibles en la salud atribuibles a la radiactividad liberada. Las cerca de dos millones de personas del área recibieron en promedio una dosis de apenas 0,01 mSv (1 milirrem) por encima del fondo natural, contra unos 0,06 mSv (6 milirrem) de una radiografía de tórax y entre 1 y 1,25 mSv (100 a 125 milirrem) al año de radiación de fondo natural en la zona.

Lo que muestran estos números: en toda fuente de energía comparada, generar electricidad cuesta vidas, y casi siempre lo hace de forma silenciosa y crónica antes que espectacular; los tres accidentes nucleares graves documentados desde que existe la generación comercial mataron directamente muy pocas personas frente a las que la tabla atribuye a la contaminación del aire de los combustibles fósiles.

Lo que no muestran los números: si esa comparación agota lo que hace falta para decidir sobre una fuente de energía en particular, o si compensa otros riesgos —de residuos, de proliferación, de dependencia tecnológica— que no entran en una tabla de muertes por terawatt-hora.

Datos rápidos

Carbón (con contaminación del aire)24,62 muertes/TWh
Petróleo (con contaminación del aire)18,43 muertes/TWh
Gas natural (con contaminación del aire)2,821 muertes/TWh
Biomasa (con contaminación del aire)4,63 muertes/TWh
Hidroeléctrica (solo accidentes registrados, excluye Banqiao 1975)0,0235 muertes/TWh
Eólica (solo accidentes registrados)0,035 muertes/TWh
Solar (solo accidentes registrados)0,019 muertes/TWh
Nuclear (solo accidentes registrados)0,0097 muertes/TWh
Nuclear (con proyección teórica de cáncer)0,074 muertes/TWh