La pregunta parte de una premisa. Las cuatro objeciones reales que la sostienen son los residuos radiactivos, el riesgo de accidentes, la proliferación de armas nucleares y el costo — el dato de cada una:
Residuos: el combustible gastado sigue siendo radiactivo miles de años y hoy se almacena en piletas y contenedores secos en las propias centrales, porque ningún país tiene todavía un repositorio geológico profundo en operación. El más avanzado es Onkalo, en Finlandia: el regulador STUK dio en agosto de 2026 un dictamen favorable de seguridad —condición previa a la licencia de operación—, y Posiva apunta a empezar a disponer combustible antes de fin de 2026.
Accidentes: entre 1969 y 2000 no hubo en países de la OCDE ningún accidente nuclear con cinco o más muertes inmediatas, frente a 0,157 muertes por GWaño en la cadena del carbón y 0,085 en gas natural, según la Agencia de Energía Nuclear de la OCDE. El único accidente grave del período, Chernóbil, causó 31 muertes inmediatas y estimaciones de entre 9.000 y 33.000 muertes por cáncer a largo plazo, según estudios de la Comisión Europea, el OIEA, la OMS y el UNSCEAR.
Proliferación: la tecnología de enriquecimiento y reprocesamiento es de uso dual, civil y militar, y es la razón por la que existe un sistema internacional de verificación: al 31 de diciembre de 2025 el OIEA tenía acuerdos de salvaguardias plenas vigentes con 183 Estados y protocolos adicionales con 144 Estados más Euratom.
Costo: construir un reactor nuevo cuesta entre USD 2.157 y USD 6.920 por kWe en países de la OCDE, y los primeros proyectos de cada nueva generación de diseños sufrieron demoras y sobrecostos que la Agencia de Energía Nuclear de la OCDE documentó y atribuyó a cadenas de suministro débiles y falta de experiencia reciente de construcción.
Ningún país tiene todavía un repositorio geológico profundo en operación, y esos costos y esos plazos de construcción son reales y están documentados.